Vrygrond en un mundo en permanente cambio: ¿Cómo puede mejorar su destino gracias a la educación popular?

Astrid von Kotze
Programa de Educación Popular
Sudáfrica

 

 

 

 

Resumen – Las comunidades de Vrygrond, en la Municipalidad Metropolitana de Ciudad del Cabo, están sumidas en un clima de desempleo, pobreza, conflicto y violencia. Durante los últimos tres años, el Programa de Educación Popular ha impartido una amplia variedad de cursos destinados a formar líderes comunitarios que promuevan la unidad y los esfuerzos colectivos para provocar un cambio. Si bien ya se observan algunos indicios de desarrollo personal, aún es preciso introducir cambios estructurales más profundos si se pretende erradicar el hambre y la violencia para propiciar el florecimiento de la comunidad.



“La educación popular es como una enredadera a través de la cual el espíritu de conocimiento se desarrolla de manera incondicional; una oportunidad para acoger a las personas con menor instrucción y ayudarles a alcanzar un sueño.”

Participante en el PEP

El cuarto nieto de Xolela, que ya tiene una hermana de un año, acaba de nacer. La madre del bebé tiene apenas 20 años y el padre nuevamente se encuentra entre rejas por tráfico de drogas. Todos ellos viven con Xolela, su otra hija y dos hijos en una chabola de tres dormitorios fabricada con cartón, chapas onduladas y plástico, en Overcome Heights, uno de los cinco “campamentos” (asentamientos de chabolas) en el área metropolitana de Vrygrond.

Xolela, activista defensora del derecho a vivienda y también dirigente de un grupo de apoyo a la mujer, es seropositiva. Tras demostrar un vivo interés por la educación, actualmente asiste, junto con otras tres habitantes de Vryground, a clases en la universidad, donde está optando a un diploma en educación de adultos. Ella se esfuerza por dar prioridad a sus compromisos y tiene que multiplicarse en un constante ir y venir entre reuniones y sesiones de
grupo de acción.

Xolela pertenece a la primera generación de participantes en el Programa de Educación Popular (PEP) en Vrygrond, que ya va en su cuarto año, y recientemente ha comenzado a seguir un nuevo curso dirigido a miembros del grupo de apoyo a la mujer. Si bien su caso resulta ejemplar, ella es una de las numerosas mujeres extremadamente resilientes que viven en la zona. Señala Xolela: “Si pudiéramos recibir algo como esto [educación popular] para empoderar [a los miembros de la comunidad], permitiéndoles experimentar lo que es la verdadera educación, su vida cambiaría”.

Vrygrond/Lavender Hill

Vrygrond (terreno libre) y sus zonas circundantes están situados cerca de la zona costera de False Bay en la Municipalidad Metropolitana de Ciudad del Cabo. La historia de Vrygrond se ha caracterizado por constantes cambios frente a presiones políticas impuestas por el régimen y el sistema de ingeniería social del apartheid, de un lado, y por experiencias de progresiva migración intergeneracional del
campo a la ciudad, desempleo, falta de vivienda y migración intraafricana, del otro.

Vrygrond es uno de los asentamientos más antiguos de
la Provincia Occidental del Cabo, donde familias autosuficientes llevaron una existencia sencilla durante décadas. La primera oleada de residentes, cuya actividad más característica era la “pesca de tracción”, se estableció en las dunas de la playa alrededor de 1942. La Ley de Expropiación aprobada durante este periodo dispuso el desalojo de muchas familias del área vecina de Retreat, las que fueron trasladadas al cada vez más poblado territorio de Vrygrond. La siguiente afluencia de inmigrantes, en la década de 1970, fue consecuencia de la ingeniería social del apartheid, cuando muchas familias fueron desarraigadas del Sexto Distrito de Ciudad del Cabo y obligadas a vivir en grandes bloques de pisos en Lavender Hill. La posterior expansión demográfica dio origen a Sea Wind en los años ochenta. Durante las dos
últimas décadas se pusieron en práctica planes para la construcción de viviendas económicas a través del fondo fiduciario de vivienda asociado al Programa de Reconstrucción y Desarrollo (Reconstruction and Development Plan) emprendido por el nuevo gobierno democrático.

Mientras tanto, la población de las cinco extensas comunidades de chabolas -Village Heights, Hillview, Military Heights, Overcome Heights y Cuba Heights, aumentó hasta llegar a los 6.000 habitantes a fines de los años noventa. Hoy en día se calcula que el número de residentes asciende a 35.000. Las escuelas y las clínicas apenas dan abasto para atender a las necesidades de la creciente población, y la tasa de desempleo se aproxima al 70%. Vrygrond es una babel donde se hablan muchos idiomas; las calles están invadidas por niños y jóvenes que ya no caben en sus hogares atestados y compiten por el espacio público. La música de todas las regiones de África resuena especialmente en
las peluquerías, en los contenedores de transporte y en los pubs informales. Las campanadas de la iglesia se entremezclan con la voz del muecín que llama a la oración. El viento arrastra desperdicios que se depositan en los charcos que deja la lluvia, y el alto nivel de contaminación es un indicio
de que los servicios prestados por la ciudad son insuficien
tes.

El Programa de Educación Popular

El Programa de Educación Popular fue creado en 2011 por activistas que promueven el desarrollo comunitario y la educación de adultos. Se basa en tradiciones de “educación popular” insertas en el contexto de la lucha de los sudafricanos contra
el apartheid en la década de 1980, en la filosofía de Paulo Freire (en su versión práctica conocida como “capacitación para la transformación”), y en la cultura popular. Su objetivo es contribuir a un progresivo cambio social y político formando líderes a nivel de las bases. A diferencia de la educación formal, la educación popular comienza por abordar la realidad cotidiana de los participantes. Se presta especial atención a temas relacionados con el poder, la desigualdad y la injusticia, mientras los participantes en las “escuelas” de educación popular tratan de identificar a los responsables de adoptar las decisiones que los afectan a todos y se preguntan: ¿A quiénes benefician esas decisiones?

La educación popular se precia de algunos logros importantes, en especial:

  • Ayudar a la gente a establecer vínculos entre sus experiencias personales y un contexto más amplio de tipo socioeconómico y político.
  • Identificar herramientas prácticas y estratégicas para interactuar con otras personas en pos de un cambio.
  • Organizar y planificar los esfuerzos para lograr un cambio, e influir en ellos.

Estos objetivos se vieron reflejados en la opinión de uno de los participantes, que señaló: “Me parece que estas sesiones son valiosas para el aprendizaje, porque absolutamente todos los días en que asisto a una sesión adquiero más conocimientos a través de los debates grupales, que me ofrecen la oportunidad de expresar mis propias opiniones. Las mayoría de las discusiones se refieren a nuestras comunidades, por ejemplo al papel que cumplimos en los esfuerzos por lograr que nuestra comunidad se desarrolle en un ambiente donde no existan el hambre, la pobreza y la delincuencia, y donde haya una mejor atención de salud”.

El PEP en Vrygrond

La elección de los establecimientos para impartir educación popular no fue aleatoria: toda el área de Vrygrond/Lavender Hill es sumamente inestable, con una cifra muy alta de actos de violencia a nivel personal y comunitario relacionados con la exclusión social y económica, al igual que con la opresión. Solo
en el último trimestre de 2013 más de 30 personas fueron asesinadas en la zona a consecuencia de enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes. Los menores son especialmente vulnerables, ya que crecen con la sensación de que la violencia es algo normal, y el reclutamiento de niños de apenas 10 años de edad para incorporarlos a las pandillas es un suceso común. Además, uno de los facilitadores del PEP vive en esa zona, y diariamente participa de manera activa en organizaciones comunitarias. Ello permite garantizar la continuidad, el apoyo y el seguimiento.

Reunión de padres en una escuela de enseñanza preescolar.

Durante los tres últimos años, el PEP ha impartido tres
cursos sobre “escuelas de educación popular” (EEP), y otros tres sobre “desarrollo de la educación popular” (DEP) en Vrygrond, trabajando con diversos grupos de residentes y organizaciones de base. Aun cuando la cantidad de participantes “directos” en dichos cursos bordeó los 150, el efecto multiplicador en los demás familiares y en los grupos comunitarios permite difundir los conocimientos a otros sectores mucho más alejados. Como comentó una de las participantes: “Cuando regresaba a casa cada semana les contaba a mis hijas y a toda mi familia: 'Aprendimos esto y aquello'; y yo estaba tan entusiasmada. Les contagié a otras personas el deseo de aprender más; me apasionaba lo que estaba haciendo. Mi entusiasmo motivó a otro grupo a inscribirse en el curso al oírme alabar la calidad de la enseñanza”.

Un curso de EEP consta de doce sesiones de dos horas, impartidas una vez por semana en cualquier espacio que esté a mano: desde un contenedor metálico hasta el garaje de un vecino o las salas de un centro comunitario. El currículum se concentra en el desarrollo comunitario, cuestiones sociales,
delincuencia, derechos humanos, aptitudes básicas de investigación, e introducción a la organización de campañas. Las clases son altamente participativas y no se requiere saber leer ni escribir en inglés.

Cómo se aprovecha lo aprendido

El curso EEP 2 se concentró en “cómo preparar, organizar y
emprender una campaña”, y el grupo completó las activida
des programadas organizando y llevando a cabo un evento sobre “maltrato infantil” destinado a los padres de los alumnos de un establecimiento de enseñanza preescolar. Los participantes elaboraron pósters, diseñaron el programa, prepararon un resumen de temas para el orador invitado, y cada uno asumió el papel de facilitador para los 50 padres que asistieron. Los alumnos del curso comentaron que “lo que aprendimos aquí lo pusimos en práctica; no nos limitamos a adquirir conocimientos si tener una finalidad en mente”.

En 2012, el PEP ofreció el curso EEP 3, dirigido a quienes ya habían completado EEP 1 y 2. Duró 5 meses (27 sesiones) y llevó por nombre “Poder, promoción y calidad de vida”. El tema de interés principal era los alimentos y la seguridad y soberanía alimentarias. Durante el desarrollo del curso, muchos de los participantes modificaron sus hábitos alimentarios y comenzaron a tomar mayor conciencia sobre la producción de alimentos y el consumo de alimentos saludables. Habiendo aprendido “a formular preguntas en vez
de asentir sin chistar, y a actuar de manera práctica”, los alumnos adquirieron una percepción más clara y observaron “cómo las decisiones que adoptamos o nos obligan a tomar tienen un efecto negativo en la supervivencia de la madre
naturaleza, y cómo al modificar nuestra mentalidad es posible mejorar la calidad de vida de todos nosotros y proteger el planeta”.

De los gritos a la explicación

Los días viernes se impartió un curso de 16 semanas destinado a las voluntarias de una organización femenina local que se dedica al cuidado de niños y niñas menores de 5 años en las mañanas y tiene que alimentar a alrededor de
150 pequeños a la hora del almuerzo; asimismo, ofrece un
programa vespertino de actividades extraescolares. El principal objeto de interés del curso era el alto grado de “desamparo” en que se encuentran los niños. Las participantes procuraron determinar las causas sociales, económicas y políticas que explican esta situación de desamparo y maltrato, y las analizaron desde la perspectiva de un mundo en permanente cambio.

Luego pusieron en práctica diversos procesos de facilitación destinados a mejorar las aptitudes de comunicación y cooperación, con especial énfasis en el poder, el género y la cultura.
Las mujeres desarrollaron aptitudes de comunicación
personal e interpersonal; describieron con claridad cómo las relaciones con los pares, la familia y los hijos habían cambiado para mejor, y fueron capaces de explicar cómo el género y el poder afectan todos los ámbitos de su vida. Asimismo, las participantes reconocieron que, gracias a los cursos, ahora se comunican de manera distinta con sus hijos (“ya no les grito, sino que trato de explicarles las cosas”)
y se relacionan más eficazmente con sus compañeras de
trabajo.

El hecho de comprender las causas de la violencia y la drogadicción les ha llevado a intentar adoptar estrategias menos agresivas. Ahora abordan con mayor soltura los temas de interés público y se expresan con claridad y confianza. Ello las ha motivado a continuar aprendiendo y transformarse, a su vez, en modelos a imitar para los miembros más jóvenes de su familia. “Si este curso hubiera comenzado hace cinco años, creo que habría producido cambios en nuestra comunidad y no habría sido necesario pedir la intervención del ejército para hacer frente a la violencia de las pandillas. Los habitantes de la comunidad serían capaces
de actuar de manera autónoma. Si una cantidad mayor de padres hubiera podido recibir este tipo de conocimientos, habrían sido capaces de ayudar más eficazmente a sus hijos al adelantarse a los hechos”.

Overcome Heights es el más grande de los cinco campamentos que hay en Vrygrond, ya que alberga a más de
3.500 habitantes de chabolas. Representantes de las nueve secciones en que se divide el campamento asistieron a un curso de desarrollo de la educación popular (DEP) impartido en el local de una iglesia situada en el campamento, con lo que se evitó el riesgo que supone recorrer a pie largas distancias. Pese al clima de constante violencia que reina en esta área, la mayoría de los participantes completó el trabajo práctico, incluidas las reuniones semanales para pre
sentación de informes, abiertas a todos los residentes, y visitas domiciliarias. Una característica importante de esta iniciativa de DEP fue que se basó en medidas proactivas y positivas.

Violencia y trauma

Martha Cabrera ha señalado cómo “el trauma y el dolor no solo afligen a las personas. Cuando se transforman en un fenómeno generalizado y permanente afectan a comunidades enteras e incluso a la totalidad de un país. Lo anterior pone en grave riesgo la resiliencia del tejido social de un país, el
éxito de los planes de desarrollo, y las esperanzas de las generaciones futuras”. Aun cuando las medidas positivas habían contribuido a que los participantes recuperaran su sentido de agencia, se estaba comenzando a percibir un clima de trauma y el estrés asociado al hecho de vivir y trabajar
en medio de las condiciones socioeconómicas, ambientales y políticas de esta región.

Como respuesta a esta situación, los PEP emprendieron un curso de EEP sobre “alfabetización del cuerpo” que contó con una nutrida asistencia. El curso incluyó lecciones prácticas de tai-chi y ejercicios de capacitación, además de propiciar una atmósfera de profunda reflexión. Los participantes demostraron poseer un alto nivel de desarrollo personal, por ejemplo al aumentar su grado de empatía y su capacidad para ayudar a los demás en situaciones y momentos traumáticos: “He llegado a conocer el funcionamiento interno de mi cuerpo y mi mente. De este modo he aprendido a respetarme a mí mismo y a respetar a otros seres humanos como tales”; “logré relajarme y ya no siento dolores”; “he descubierto que en mi caso lo aprendido ha sido de utilidad, pues me considero una persona temperamental que se irrita fácilmente. En lo que a mí respecta, los ejercicios me han servido a veces como una especie de apaciguador”. También se recomendaron algunas posibles
maneras de aprovechar las recién adquiridas habilidades y técnicas de relajación “usándolas como herramientas auxiliares en la capacitación, o aplicando prácticas similares en la comunidad, ya que sin duda ayudarían a reducir los niveles de delincuencia”.

Cada año, el PEP ha ido progresando con relación al
período anterior al aumentar la cantidad y ampliar la variedad de participantes en cursos de EEP o DEP. Como a todas luces la demanda excedía ampliamente la oferta, se decidió capacitar a los capacitadores. En 2013 se ofreció el primer curso de esta naturaleza, en el que participaron residentes como Xolela. El PEP también permitió que Xolela y otras tres residentes en la zona contactaran con la universidad para que se les permitiera seguir adelante en su afán por adquirir mayor educación y desarrollar sus aptitudes.

¿Una comunidad en proceso de cambio?

El deseo de aprender es, en sí mismo, un fenómeno positivo, por cuanto la mayoría de los participantes guardan malos recuerdos de su época escolar, las constantes experiencias de humillación y violencia que les ha tocado vivir los han llevado a experimentar una baja autoestima. Señalan los alumnos: “[Ahora] me he dado cuenta de que todos somos iguales y no debo dejarme intimidar por otras personas que tienen aires de superioridad y me hacen sentir menos importante por tener escasos recursos…”; o “estos conocimientos pueden tener una aplicación práctica en áreas que van desde la nutrición hasta la acción social y los sistemas políticos. Se trata de un conocimiento transformativo que puede modificar la mentalidad y el comportamiento de las
comunidades. Logró contagiarme el entusiasmo para esforzarme activamente por cambiar para mejorar mi propia vida y la de los demás”. Y “lo que me apasionó fue que me enseñaran cómo podemos construir una sociedad mejor para todos. Descubrí que si somos capaces de trabajar en conjunto como equipo podremos alcanzar muchos objetivos. Comprendí que para combatir la delincuencia en una comunidad es preciso que todos sus miembros actúen unidos contra ella, para así construir una sociedad mejor”.

Los participantes en el PEP suelen transformarse en promotores fundamentales de iniciativas comunitarias,
como manifestaciones públicas contra las drogas y las pandillas. En las reuniones aprovechan a cuestionar la labor de
los políticos locales, y además se dedican al activismo en defensa del derecho a la vivienda. Han intentado reiteradamente formar cooperativas y han colaborado en la creación de huertos que permitan aliviar los problemas diarios de seguridad alimentaria. Han organizado cursos para la formación de líderes juveniles y formado grupos de apoyo a la
mujer. Sin embargo, es preciso introducir cambios sistémi
cos y estructurales más profundos si se pretende transformar a Vrygrond en un lugar más acogedor.

Desafíos para el futuro

El hambre y la violencia se distinguen por ser los principales obstáculos: las necesidades alimentarias determinan en
gran medida la capacidad de la gente para participar de
manera sostenida. Los trabajadores voluntarios de las organizaciones comunitarias locales se ven obligados a aceptar cualquier empleo remunerado que logren encontrar para así poder pagar las cuentas. La violencia asociada a las pandillas repercute directamente en nuestros programas, situación que se ve reflejada en el ausentismo y la cancelación
de sesiones, pues los participantes corren el riesgo de recibir un balazo o quedar atrapados en medio del fuego cruzado mientras se dirigen a los cursos o regresan de ellos,
especialmente a primera hora de la noche.

 


Referencias

Cabrera, M. (n.d.): Living and sur viving in a multiply wounded countr y. Disponible en  bit.ly/1ofDHCM

Freire, P. (1970): Pedagogy of the Oppressed. Harmondsworth: Penguin Books.

Hope, A. and Timmel, S. (1999): Training for Transformation Vol 1-4. Kleinmond: Tf T Institute.

 


 

Sobre la autora

Astrid von Kotze trabaja en el área de la educación y el desarrollo comunitarios. Actualmente colabora en el Programa de Educación Popular que se imparte en comunidades de clase obrera en Ciudad del Cabo y en sus alrededores. Cuenta con una vasta experiencia en la elaboración de materiales para la enseñanza y el aprendizaje participativos con un objetivo de justicia social. Hasta 2009 fue profesora de educación de adultos y desarrollo comunitario en la Universidad de KwaZulu-Natal, Durban. Es profesora extraordinaria en la División de Aprendizaje a lo Largo de la Vida en la Universidad de la Provincia Occidental del Cabo.

Contacto
9 Scott Rd
Observatory
7925 Cape Town
Sudáfrica
astridvonkotze@gmail.com 

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